sábado, 10 de septiembre de 2011

Señora



Ese con quien sueña su hija,
ese ladrón que os desvalija
de su amor, soy yo, SEÑORA.

Ya sé que no soy un buen yerno.
Soy casi un beso del infierno,
pero un beso, al fin, SEÑORA.

Yo soy ese por quien ahora
os preguntáis por qué, SEÑORA,
se marchitó vuestra fragancia,
perdiendo la vida, mimando su infancia,
velando su sueño,
llorando su llanto
con tanta abundancia.

Si cuando se abre una flor,
al olor de la flor,
se le olvida la flor.

De nada sirvieron las monjas,
ni los caprichos y lisonjas
que tuvo a granel, SEÑORA.

No la educó, ya me hago cargo,
pa' un soñador de pelo largo.
¿Qué le va usted a hacer, SEÑORA,
si en su reloj sonó la hora
de olvidar vuestro hogar, SEÑORA,
en brazos de un desconocido,
que sólo le ha dado un soplo de Cupido
que no la hizo hermosa
a fuerza de arrugas
y de años perdidos?

Si cuando se abre una flor,
al olor de la flor,
se le olvida la flor.

Póngase usted un vestido viejo
y, de reojo, en el espejo,
haga marcha atrás, SEÑORA.
Recuerde antes de maldecirme,
que tuvo usted la carne firme
y un sueño en la piel,
y un sueño en la piel,
y un sueño en la piel, SEÑORA...
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